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Conociendo La Encantada, una laguna accesible al norte de Lima

Hace unos días, Telma me comentó que había leído acerca de una laguna muy poco difundida de aguas tibias y un ambiente natural increíble. Busqué más información en internet y nos dimos cuenta que estaba cerca (140 kms y poco más de 2 horas de distancia). 


Entonces ni bien tuvimos la oportunidad, emprendimos el viaje, eso sí, primero guardamos el kayac y sus remos, el bloqueador, y por sea caso el repelente, para sacar el máximo provecho a ese pequeño paraíso al norte de Lima.

Al pasar el peaje estuvimos alertas para no pasarnos la entrada, la misma que está después del desvío a desnivel que lleva a Huacho, y comenzamos a subir hacia la derecha. Desde el desvío son casi unos 5 kms de distancia por unas avenidas que todavía no tienen asfalto, ya que se trata de se trata de urbanizaciones nuevas dentro de la ciudad.


Hasta que después de una larga espera, pudimos vislumbrar esta laguna, y realmente quedamos encantados, ya que no es tan pequeña como la mente imagina, sino que es tan amplio que hay espacio de sobra para "agarrar espacio" y pasar un día de sana diversión.

Lo primero que hice fue armar el kayak y los remos, mientras Jonah, Elías y Telma no dudaron en meterse a sus aguas tibias y darse unos chapuzones.


Esta laguna geográficamente no pertenece a Huacho, sino al distrito de Santa María en la provincia de Huaura, y en el lugar se puede encontrar comida y servicios de paseo en bote y kayak, alquiler de cuatrimotos, etc. Y aunque está en relativo abandono por las autoridades municipales, se puede sacar mayor provecho a este espacio natural.

Por mucho tiempo quisimos visitar las albuferas de Medio Mundo, pero aparte de lejos (porque es pasando Huacho) y costoso (por el cobro de entrada); pudimos encontrar esta laguna que vale la pena conocer, nomás se recomienda visitarlo temprano para aprovechar al máximo y disfrutar de sus aguas con los amigos o la familia.

Es todo por ahora. Saludos



5 años en Lima

5 son los años que han pasado desde que mi familia y yo decidimos dejar nuestra tierra, Huaraz para vivir una nueva etapa en Lima. Jonah sólo tenía 6 meses de nacido y la mayoría de cosas que trajimos sólo eran nuestras ropas y muchos discos compactos :D

No fueron fáciles nuestros inicios, adaptarse a una nueva urbe, cuesta. En el camino nos encontramos con amigos que hicimos años atrás y muchos otros nuevos que conocimos aquí y que hoy nos quieren como si fuéramos su familia.

En 2011, Dios abrió las puertas del Ministerio Público - Fiscalía de la Nación para integrar sus filas administrativas, ahí conocí a varios compañeros de trabajo, que con el tiempo se han ganado todo mi respecto y hoy valoro su trabajo. También por un tiempo en nuestros inicios apoyamos a unos hermanos muy cariñosos en Comas... ¡qué manera de darse de lleno para compartir el amor de Dios a la gente necesitada!. Y meses después se nos abrieron las puertas de una espacio espiritual llamado Zona 1 (en los límites del Callao y San Martín de Porres) y ahí conocimos una innumerable lista de amigos a quienes hoy también amamos con todo el corazón.

Cuando dejamos Huaraz éramos sólo 3 y ahora integra nuestras filas, Elías, nuestro bebé de 10 meses. Y ahora ya nos sentimos completos, familiarmente hablando.

Queda todavía una deuda pendiente que la de volver un día a Huaraz y estar al lado de mis padres a quienes dejé con muchas lágrimas, y que no hay día que pase sin que ellos hagan una oración para que el Dios del cielo me cuide donde quiera que esté.

Tal vez sea larga la lista de personas que hoy son nuestro soporte, pero a todas ellas les damos las gracias por habernos acompañado en todos estos años. No es necesario mencionarlas, por en su corazón saben cada uno quiénes lo son. Ellos mismos se dan por aludidos - como dice esta canción de Marcos Vidal.